Al norte de Ubud pudimos contemplar unos paisajes
maravillosos. Arrozales como los de los documentales, con la típica estampa de
los lugareños currando. en zonas muy escarpadas, para de esa forma aprovechar bien el agua mediante
un sistema de riego peculiar. Más al norte y notando que la temperatura bajaba
a medida que subíamos llegamos a Batur
un volcán maravilloso con un lago que le daba un ambiente espectacular en su
cráter mayor y otro volcan perfecto en su interior donde comimos las mejores
tortitas de arroz y repartimos estas con unos chiquillos que por allí andaban
¡los niños en indo son todo amor!. Compramos unas pinturas al susodicho propio
artista por un precio parecido a un paquete de cromos en España.
Poca gasolina, se avecina tormenta, y el camino cráter
arriba con la motito podía ser duro, y lo fue. No había visto caer tanta agua
desde hace años, asi que imaginaros el papelón. En Indonesia si te paras a
esperar que escampe te puedes tirar allí 3 días asi que lo mejor es tirar de
“donde fueres haz lo que vieres” un descansito en mitad de la cuesta y
YEAAAAAAH a por ello y a disfrutarlo Empapados hicimos alguna que otra parada
para disfrutar de la selva . Llegamos a Ubud calados hasta los huesos pero
mereció la pena. En la guesthouse conocimos a Rafael y Arena una pareja italo-boliviana, que
aparecerán a lo largo de nuestro viaje en varias ocasiones y con los que
compartiremos parte de este. Nos dimos información mutua y consejos sobre
Indonesia y Australia … muy buena gente.
Cansados de tanta lluvia decidimos explorar el oeste de la
isla. Playas de arena negra cuya carretera parece que va a terminar en ella y
donde se puede apreciar la vida pesquera de los pueblos. Por la carretera cada
uno pone su chiringuito con las piezas del día y a esperar clientes. Nos
recomendaron una playa pero no nos dijeron donde estaba. El instinto o el ritmo
que llevábamos nos hizo coger el camino adecuado y s,í playa bonita de arena
blanca con azul turquesa de escándalo y donde hicimos una intentona de pescar
calamares con unos chavales músicos locales de la playa.
Antes de volver directamente a Kuta nos quedaba una visita
pendiente a un mercado de animales en Denpasar. Imaginaros el festín de
criaturas amontonadas unas sobre otras. Tortugas, pájaros de todos los colores,
ardillas, búhos, serpientes, gatos, conejos… nos ofrecieron una cria de pitón
de tenían metida en una botella de litro y medio de agua y todo esto lo vimos
desde la calle no sé lo que nos hubiésemos encontrado si
llegamos a pasar a alguna de las tiendas, que parecían autenticas cuevas
llenitas de excrementos.
De Bali nos quedaríamos con todo, incluso con el ajetreo de
las calles de Kuta. La hermosura de Ubud y su religiosidad, las estampas de los
arrozales y selva, los chiringuitos callejeros, las playas de Nusa Dua, la
simpatía- picaresca de su gente, sus ambientes, zumos, comidas, cada estampa
tiene un detalle a tener en cuenta. Y sí, volveríamos.
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